lunes, 25 de julio de 2016

Las canicas del vecino de arriba

No son canicas lo que suena en el piso de arriba
Si en algún momento ha pensado en regañar a su vecino por su constante descuido al dejar caer canicas por el suelo a deshora, usted debe leer este artículo antes de desatar un conflicto vecinal. Conocido como 'pulso de Joukowski' o 'golpe de ariete', este sonido no se produce sobre el suelo del piso sino en las tuberías que se mueven para absorber la fuerza generada por la presión del agua.

El fenómeno, que la mayoría de los ciudadanos siente entre broma y enfado, se produce durante el suministro del agua. Concretamente, según explica la profesora del colegio Senara de Fátima Vidal, cuando fluye el agua y la zona de salida se frena en seco, es decir, que cerramos el grifo, "el agua que iba a salir se queda frenada en seco".

"Como las moléculas del líquido no pueden atravesar el émbolo de cierre ni se pueden comprimir chocan contra el mismo y provocan que la tubería se ensanche. Esta situación provoca que parte del líquido pase a estado gaseoso generando una onda de burbujas de aire que se transmite en sentido opuesto, es decir, hacia la zona de paso de tuberías de los pisos inferiores", añade la profesora.

"El ruido de las canicas llega cuando toda esta presión se disipa al transmitir su energía, bien sea mediante un punto de fuga o en las cañerías", señala Fátima Vidal. Pero lo que parece algo divertido o anecdótico puede destrozar las cañerías. "Por ello mismo se instalan métodos como neumáticos de cámaras de aire comprimido que puedan absorber las ondas energéticas que se desplaza por los conductos del edificio", apunta la arquitecta Mónica Alonso.

Lo más curioso es que estas 'canicas del vecino' ayudan a los estudiantes a aprender física. "Este tipo de situaciones y fenómenos cotidianos, nos permiten acercar a las alumnas a la Física, de un modo divertido y entretenido. Estos ejemplos hacen que la Física -que parece una asignatura ardua- resulte algo sencillo y pegado a la realidad”, nos reconoce Fátima Vidal.

Y es que ya saben que ni el vecino de arriba tiene canicas, ni en realidad ese sonido metálico que suena es la caída de las canicas. Es nuestro cerebro el que interpreta que ese ruido provocado por la presión generada en las tuberías es similar al de ese juguete infantil. Si no pueden dormir tranquilos, ya saben, al menos, que el vecino no tiene la culpa.

Fuente: El Correo

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