sábado, 23 de julio de 2016

Las Trementinairas, las mujeres sabias de la montaña

Museo dedicado a estas mujeres
El oficio de Trementinaira fue una actividad exclusiva de las mujeres del valle de La Vansa y Tuixent, en la comarca del Alt Urgell, y que se desarrolló durante los siglos XIX y XX. Ejercida exclusivamente por mujeres, tenía como objetivos complementar la economía doméstica de la familia, y aportar efectivo en forma de dinero en un contexto donde los intercambios monetarios eran escasos.

Este comercio permitió a las Trementinairas disponer de moneda para pagar deudas familiares, préstamos, pagos para reducir el servicio militar o dotes para los hermanos y hermanas que no eran el/la heredero/a. Las Trementinairas pertenecían a las familias más poblres del valle, ya que las más acomodadas no tenían la necesidad de enviar a sus mujeres fuera.

Las Trementinairas, se dedicaban “a ir por el mundo”, según sus propias palabras. Se desplazaban por Catalunya siguiendo unos itinerarios prefijados con la finalidad de vender la trementina, hierbas para remedios, y otros productos de la montaña, como te de roca, corona de rey, escabiosas, serpol, oreja de oso, “milifulla”, setas secas, aceite de abeto y aceite de enebro… La trementina era su producto principal y el que les dio el nombre. La vendían para desinfectar heridas de personas y animales. Se trata de una sustancia que gozaba de mucho prestigio, pero las Trementinairas no salían de casa con el producto hecho, sino que compraban ingredientes en las droguerías de los pueblos que visitaban y lo preparaban “in situ”, así se ahorraban el tener que acarrear quilos de pomada durante todo el trayecto.

La mercancía la guardaban el bolsas de tela fáciles de cargar durante el viaje. Las bolsas, grandes como fardos, crearon la figura de la Trementinaira, que era reconocible así en todos los lugares por donde pasaba. Otros elementos típicos de su vestimenta, eran las latas donde llevaban los aceites, una pequeña hoz para cortar las hierbas y una pequeña romana de hierro para pesar los productos.
   
Los viajes de estas mujeres tenían también como objetivo comprar o hacerse con objetos y recursos que no eran fáciles de conseguir en las montañas. Viajaban por parejas andando o en transporte público (cuando era posible), y la pareja la componían dos mujeres, una joven y otra mayor con más experiencia, normalmente eran de la misma familia, madre e hija, hermanas, abuela y nieta. La confianza en el otro miembro de la pareja era fundamental, ya que la mayor transmitía a la aprendiz no solo conocimiento sobre plantas y trementina, sino también artes medicinales, circuitos de venda y clientes potenciales. Durante los viajes se hospedaban en casas particular donde se las acogía a cambio de hierbas y remedios.

Los circuitos incluían las comarcas del Pallars Jussà y el Pallars Sobirà, Cerdanya, Urgell, Anoia, Bages, Osona, el Vallés, Barcelonés, la Selva, el Gironés, los dos Empordans y la Garrotxa. Pero también llegaron hasta el Arán, el sur de Francia, Tarragona y Aragón.

Solían hacer dos viajes por año, uno en otoño hasta Navidad, y otro cuando terminaba la temporada de matacía y que duraba hasta la Pascua. El primer viaje documentado de una Trementinaira fue en 1985, y el último lo llevó a cabo Sofia Montaner en 1984.

En diciembre de 1998 se inauguró en Tuixen el Museu de les Trementinaires, un homenaje a estas mujeres valientes, y una manera de entender las transformaciones económicas, culturales y sociales del valle de La Vansa.

Sofia Montaner i Arnau (1908-1996), nació en Ossera, y fue la última Trementinaira. Empezó a “ir por el mundo” con su abuela, y después con su madre. Su padre tenia un rebaño, pero lo perdió durante la guerra. El año 1936 se casó con Miquel Borrell, que era de su mismo pueblo, e hijo de una Trementinaira. Miquel había recorrido los caminos con su madre, ya que esta no tenia hijas.


Después de la guerra, Sofia emprendió otra vez el oficio acompañada de su suegra, luego de sus hijas, luego con una vecina, y finalmente con su marido, con el que viajó hasta 1982. Este es uno de los pocos casos en que un hombre ejerció el oficio. Sofia hizo su último viaje en 1984, con 73 años.


Fuente: Dona havia de ser

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