domingo, 17 de julio de 2016

Los silabarios

Silabarios del siglo XIX, con palabras exóticas incluso en google como "ñengahibas" (pulsa para ampliar)
Antes de las cartillas para aprender a leer, existían los silabarios algunos sorprenden por lo exótico de algunas palabras que incluso ahora nos resultan extrañas u otras que son poco adecuadas para niños como “fusilado” como se ve en los dos que adjunto del siglo XIX

En nuestro idioma los silabarios más antiguos que se conocen provienen de los esfuerzos de la Iglesia Católica por enseñar a leer en sus escuelas, fueron llamados “cartillas”, y sus ejemplos intentaban vincular la adquisición del lenguaje escrito y la enseñanza cristiana, proponiéndose, de ese modo, un doble objetivo.

En un principio, como era común por aquella época, se pensaba que todo debía basarse en la memoria (sin importar demasiado la comprensión, que llegaría por sí sola con la madurez), de modo que estos silabarios o cartillas abusaron del recurso memorístico.

Los silabarios modernos, por su parte, surgieron como reacción a ese método de enseñanza de la lectura basado exclusivamente en la memorización del alfabeto, que se complementaba con una explicación expositiva de la fonética seguida de largas sesiones de lectura en voz alta.

Como ya fue señalado, los primeros silabarios fueron las cartillas que contenían mensajes religiosos, pero en forma temprana los creadores de silabarios se percataron de que una de las claves era la comprensión de la sílaba. Probablemente la práctica y la ejercitación permanente, aunque no buscara ese método, demostró que los niños, al aprender a leer, siempre silabean, y al percatarse de ese hecho surgió nítida la necesidad de basar en la sílaba la adquisición del lenguaje escrito. De allí al nombre genérico de estos textos como “silabarios” hubo menos de un paso.

En la España colonial el privilegio de publicar cartillas o silabarios pertenecía preferentemente a instituciones religiosas católicas, y fueron los obispados o las congregaciones religiosas las que se dieron a la tarea de crear, publicar y difundir las cartillas.

Lamentablemente, la corona española al establecer estos llamados privilegios, que eran excluyentes, fomentó a la vez la edición de cartillas alternativas no autorizadas, que no siempre eran rigurosas ni eficaces, pero resultaban mucho más baratas que las oficiales que constituían un verdadero monopolio instalado.

Fue en México donde nació el primer silabario propiamente hispanoamericano, llamado Nueva cartilla de primeras letras, donde sucesivos editores lo imprimieron entre los siglos XVI y XVIII (Hospital de Naturales, Imprenta de Paula Benavides en 1641, Hospital de Indios en 1771 y en 1783 su impresión la hizo Pedro de la Rosa, de Puebla).

Fuente: Letralia

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