domingo, 21 de agosto de 2016

El conjuro de las 12 palabras de Moisés

Moisés con los diez mandamientos, Philippe de Champaigne
Hay un conocido villancico cantado con infinidad de variaciones y diferentes melodías que es muy conocido y que se canta en cualquier rincón, incluso a nivel europeo. Se le conoce como “Las 12 palabras redoblantes”, “las 12 palabras de Moisés” “Las 12 palabras torneadas”, “las 12 palabras de la fe”, “las 12 palabras de Cristo”, “las 12 palabras torneadas”  y varias formas más de llamarlas aludiendo siempre a 12 palabras aunque en algún caso hay alguna versión de 13 como puede ser en Bizkaia o alguna versión burgalesa.   La razón que estas versiones tengan 13 se especula que tenga que ver con un pasado judío de este conjuro y sus trece lunas aunque hay fuentes que aseguran que fueron los judíos alemanes quienes metieron un 13 en el siglo XVII.

Este villancico en realidad nació como un conjuro para espantar el mal, se creía que ante una presencia maligna bien diabólica o bien de cualquier otro índole con decir estas palabras bastaba, e incluso tras la muerte hay un momento que el alma se va a tropezar con el diablo y no queda más remedio que decirlas para poderse librar de él. También para tranquilizarse cuando se sentía miedo pro algún motivo bastaba decir estas palabras para permanecer de forma segura.

Juan Ortega Madrid en un artículo de la revista Mvrgetana  dice lo siguiente:

En su forma de conjuro, estaríamos según el folclorista chileno Ramón Arminio Laval ante “el summun de la virtud y del poder contra toda clase de peligros, enfermedades y males, el conjuro irresistible contra potestades infernales…”.

En la serranía de Albacete está documentado su uso para erradicar el mal de ojo,
para conseguir una “buena muerte” al moribundo y para alejar tormentas que se preveían violentas. En otros lugares, como Portugal o Valencia, se ha descrito su utilidad en temas de curanderismo y hechicería.

También estaríamos ante un conocido cuento popular formulístico de tipo acumulativo […]Este cuento, resumiendo, consiste en un hombre que, estando en graves apuros, hace un pacto con el demonio; éste le ayuda a cambio de que le cuente cuales son las doce palabras santas dentro de un plazo de tiempo determinado.

Con la ayuda de un personaje sagrado (San José, San Martín, etc.), el protagonista descubre las palabras, las recita del modo indicado y de este modo se libra del diablo.

Es considerado por algunos como un juego y adivinanza. Esto debe consistir en que al preguntar a alguien por cuáles son cada una de las doce palabras, se ponen a prueba sus conocimientos religiosos (apreciación personal de Juan Ortega).

Como hay varias versiones, y me resulta un poco violento poner solo una voy a una versión sacada de una página chilena y así conseguiré un poco por la neutralidad.

Amigo dígame la una;
Amigo, no soy su amigo, pero se la diré:
Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las dos;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las tres;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las cuatro;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las cinco;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las seis;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las siete;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las ocho;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las nueve;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las diez;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las once;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Once son las once mil vírgenes, Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las doce;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Doce los doce apóstoles, Once son las once mil vírgenes, Diez son los diez mandamientos, Nueve son los nueve meses, Ocho son los ocho planetas, Siete son los siete sacramentos, Seis son las seis candelas, Cinco son las cinco llagas, Cuatro son los cuatro evangelistas, Tres son las tres Marías, Dos son las dos tablas de la ley por dónde pasó Moisés por la casa Santa de Jerusalén; Una no es ninguna y siempre la virgen pura.

Amigo, dígame las trece;
Amigo, no soy su amigo, pero se las diré:
Quién de doce pasa a trece sólo el infierno merece…
¡Reviéntate Diablo!


Este último verso puede dar a entender el desprecio a la forma judía pues hay otras variantes que hacen alusión al número 13 como esta variante asturiana

“Las doce ya dije,
trece no las aprendí,
vete al infierno, demonio
que este alma no es pa ti”

Sin embargo la versión vasca si dice trece y dice asi:

Esan amaira!
Olarak jo deu; munduan;
Aingeru ederak seruan.
Ama Birjinieri Agur Maria.


Cuya traducción es:

Dime la trece
Los gallos cantan en la tierra
Los hermosos ángeles en el cielo
A la madre virgen Salve María


Solo he podido encontrar una versión castellana que nombra el 13 y se refiere a los trece reyes que no he podido averiguar que trece reyes son. ¿Se referiran a los asturianos?

Hombre bueno de las trece palabras
tornadas al mundo dime las trece,
los trece, los trece reyes,


Como todo en el mundo de la cultura popular esto tiene semejanzas con tradiciones más antiguas.

Veamos una versión recogida en Bretaña

-Ahora bien, tú, blanco niño de Druida, respóndeme: ¿Qué quieres que yo te cante?

-Cántame -responde el niño- la serie del número uno, para que yo hoy la aprenda.

-No hay serie para el número uno: la única necesidad, la muerte, padre del dolor, nada antes y nada después. Ahora bien, tú blanco niño de Druida, respóndeme ¿qué quieres que te cante?

-Cántame la serie del número dos, para que yo hoy la aprenda

-Dos bueyes uncidos delante de una concha, tiran, mueren: mira aquí el prodigio.

-Cántame la serie del número tres, para que yo hoy la aprenda.

-Tres comarcas hay en el mundo, tres comienzos y tres fines para los hombres como para los robles, tres reinos de Merlín, frutos de oro, brillantes flores, niños pequeños que ríen. ..

(La canción prosigue hasta el número doce, repitiendo al bajar, con la interpretación de cada número, la correspondiente a números inferiores y llegando siempre hasta "No hay serie para e1 número uno" etc. Termina así:)

-¿Qué quieres que yo te cante?

-Cántame la serie del número doce para que yo hoy la aprenda.

-Doce meses y doce signos del Zodíaco: el penúltimo, el Sagitario, dispara su último dardo. Los doce signos están en guerra. La bella vaca, la vaca negra que lleva en su frente una blanca estrella sale de la selva deshojada; en su pecho se clava el dardo; su sangre corre a raudales; muge, erguida la cabeza. Suena la trompeta, fuego y trueno, lluvia y viento; nada, nada después ninguna serie ulterior. Once son los sacerdotes armados, Diez los buques enemigos...Nueve las pequeñas blancas manos... Ocho los vientos...Siete soles...Seis los niños talludos...Cinco las zonas de la tierra...Cuatro las piedras de afilar...Tres las comarcas del mundo...Dos bueyes uncidos ante una concha...No hay serie para el número uno: la única necesidad, la muerte, padre del dolor, nada antes y nada después


Fuentes:
Documento de Wilhelm Giese en euskomedia
                almadetinta

                 Libro "Brujería Asturiana" de Elviro Martínez
                Artículo de Juan Ortega Madrid en la "Revista Mvrgetana" numero 128
                Artículo de Luis Diáz Viana en la "Revista de Folklore" de la Fundacion Joaquin Díaz (Muy recomendable leerlo)

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