miércoles, 7 de septiembre de 2016

Historia de Maria Soliña

Estatua de María Soliña (Imagen del Faro de Vigo)
Una de las más bellas historias que guarda en su memoria popular Cangas de Morrazo es la de María Soliño, quien fue condenada allá por el siglo XVII por la Santa Inquisición, acusada de brujería.

En realidad esta pobre mujer pudo ser, sin más, una víctima de un maquiavélico plan orquestado por el Santo Oficio y los nobles de la época, quienes no pretendían otra cosa que despojarla de todos sus bienes.

Cangas era por aquel entonces, un pueblo de pescadores en pleno auge económico.

Una buena parte de la población vivía de las no pequeñas ganancias económicas que generaban la pesca y el salazón de pescado.    


Corría el año 1617 cuando piratas turcos- berberiscos asolaron la ría de Vigo 


Tras intentar desembarcar en Vigo donde se encontraron con una fuerte oposición de los vecinos, se dirigieron a Domaio expoliando cuanto encontraron a su paso y dejando unos cuantos muertos tirados en la playa, entre ellos Antonio Soliño y Pedro Barba, hermano y marido de María Soliño. A continuación arrasaron el pueblo de Cangas dejándolo sumido en la más absoluta pobreza.

Tras el bárbaro ataque, sin viviendas y con sus utensilios de pesca y barcos destrozados, queda un pueblo absolutamente desolado. Cangas se sume en una más que notable crisis económica que impide incluso que los vasallos paguen las rentas que los nobles exigen por el uso de sus tierras.

Así las cosas, los nobles de la época que no estaban dispuestos a perder el poderío económico que ostentaban desde hacía décadas, inician una campaña con el apoyo de la Santa Inquisición ( De la cual formaban parte muchos de ellos ) para denunciar por brujería a mujeres de la época que gozaban de una buena posición económica, mezclando entre ellas a otras mujeres declaradas “ pobres de solemnidad” , buena parte de ellas viudas también tras la invasión turca en Cangas, para evitar así que se pusieran de manifiesto sus verdaderos intereses.

Fue el caso de María Soliño, quien al enviudar de Pedro Barba pasó a ser poseedora de todos sus bienes: Una casa de dos plantas en piedra, varias fincas, una dorna, y lo más importante: Derechos de presentación en varias capillas y freguesías de la zona, entre ellas la Iglesia de San Martiño en Moaña, la Colexiata de Cangas y la iglesia de San Cibrán en Aldán.

Los derechos de presentación eran unos poderes según los cuales el poseedor de los mencionados derechos (habitualmente los sucesores del fundador de una iglesia) podían elegir a su titular cuando quedara vacante teniendo además un porcentaje de las ganancias que la parroquia generase.

Acusada de brujería y despojada de todos sus bienes:

Siendo como era una mujer de importante fortuna, rápidamente llamó la atención de los nobles del lugar.

La muerte de su marido y su hermano en la invasión turca del 1617 la sumió en una importante depresión : Cada noche recorría la playa, escuchando las olas, recordando a sus familiares muertos …

Las reiteradas visitas a la playa de noche fueron causa suficiente para iniciar contra ella un proceso por diferentes acusaciones relacionadas con la brujería.    
   
María Soliño fue llevada a las cárceles secretas del Santo Oficio en el año 1621.

Acusada de entregar su alma al diablo y de poseer poderes demoníacos capaces de causar los más terribles males, fue sometida a tortura física y psicológica hasta que confesó ser bruja desde hacía más de dos décadas, afirmando además en su desesperación que había llegado a mantener tratos carnales con el demonio.

Por todo ello fue despojada de cuantos bienes poseía y condenada a llevar el hábito de penitente durante seis meses.

No fue María Soliño la única “bruja” juzgada en aquellos tiempos. Muchas fueron las mujeres que sufrieron injustamente en sus carnes estas falsas acusaciones fruto de la avaricia de quienes ostentaban el poder.

Aunque está constatado que María Soliño nació en el año 1551 en la propia villa de Cangas, nada se sabe cierto sobre la fecha de su muerte. No hay partida de defunción, ni se conoce el lugar donde pudo ser enterrada, lo que ha contribuido sin duda a alimentar el mito del personaje nunca muerto: María Soliña.

María Soliña. ( Celso Emilio Ferreiro )

Polos camiños de Cangas a voz do vento xemía:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
Nos areales de Cangas, Muros de noite se erguían:
Ai, que soliña quedache, María Soliña.
As ondas do mar de Cangas acedos ecos traguían:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
As gaivotas sobre Cangas soños de medo tecían:
ai, que soliña quedache, María Soliña.
Baixo os tellados de Cangas anda un terror de agua fría:
ai, que soliña quedache, María Soliña.

Fuente: Delmorrazo.com



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