lunes, 5 de septiembre de 2016

La historia de cómo Amalur creó el sol, la luna, y el “Eguzkilore” (Leyenda vasca)

Eguzkilore protegiendo una puerta (imagen de wikipedia)
Todos los pueblos y comunidades del planeta han buscado una forma de explicar el mundo y los seres que habitan en él. Cada cultura ha tratado de transmitir a las siguientes generaciones valores, formas de supervivencia, sentimientos, certezas, aprendizajes,… una visión de la vida y de la muerte.

En la mitología vasca sucede de igual manera desde hace más de 2000 años. La tradición oral ha permitido que todas las enseñanzas de nuestros antepasados nos llegaran en forma de relatos, de mitos o creencias. Así, las cosas más sencillas del día a día se cargan de significado y nos hacen sentir un miembro más de la comunidad.

Como muestra, me gustaría obsequiaros con esta pequeña leyenda, que forma parte de la mitología vasca, y habla de cómo surgieron el Sol, la Luna y el Eguzkilore. El Eguzkilore o Flor del Sol es una especie de cardo de color amarillo, y es muy habitual verlo en la puerta de entrada de muchas casas y caseríos del País Vasco.

Espero que os guste.

Hace mucho tiempo, cuando los primeros humanos habitaban la Tierra no había Sol ni Luna, y la gente vivía con miedo a los genios y monstruos que salían de las profundidades.

Un día un grupo de hombres y mujeres decidió pedir ayuda a Amalur (Madre tierra):

– Amalur, en esta oscuridad vivimos en peligro constante, haz algo para protegernos.

La Tierra no hizo caso alguno a sus quejas, pero los humanos no cejaron en su empeño, y una y otra vez volvieron a pedirle protección. Por fin, recibieron respuesta:
– Me habéis pedido ayuda una y otra vez, así que he decidido ayudaros. Crearé para vosotros un ser luminoso y lo llamaréis Ilazki.

Y así la Tierra creó la Luna.

Al principio, los hombres y mujeres sentían miedo de ese ser que cambiaba de forma en lo alto del cielo, y no se atrevían a salir de sus cuevas. Con el paso del tiempo, se fueron acostumbrando.

Los genios y monstruos también se asustaron de esa brillante y nueva presencia pero, al igual que los humanos, pronto se acostumbraron a ella y comenzaron a atacar a todo el que se asomara fuera de su cueva.

Así pues, mujeres y hombres acudieron de nuevo en busca de Amalur.
– Amalur, estamos muy contentos porque has creado la Luna, pero los genios siguen atacándonos. Necesitamos algo más poderoso.

– Está bien –dijo la Tierra-, haré un ser mucho más luminoso que el anterior y lo llamaréis Eki.

Y así la Tierra creó al Sol. A partir de entonces el Sol será el día y la Luna la noche.

El Sol lucía grande, luminoso y caliente en el cielo. Al principio, los humanos tuvieron que habituarse a él, pero rápidamente se dieron cuenta de que el Sol no sólo asustaba a los genios sino que no conseguían acostumbrarse a él y solo salían por la noche. Además, gracias al calor y a la luz que emanaba crecían plantas de colores y árboles frutales. Rápidamente fueron a agradecer a la Tierra este nuevo regalo y a pedirle una cosa más.

– Amalur, queremos agradecerte la creación del Sol y de la Luna, pero todavía nos falta algo más: por las noches los genios nos acechan y atacan.

En ese momento la Tierra habló, y dijo:

– ¡Está bien! Os ayudaré una vez más: crearé una hermosa flor para vosotros, hermosa y con muchas hojas, y cuando los genios nocturnos la vean pensarán que es el Sol.

Y así la Tierra creó el Eguzkilore. Esta flor ha defendido las casas de las familias vascas de todos los males (malos espíritus, brujas, genios malvados, tormentas…).

Todavía hoy se puede ver un Eguzkilore adornando la puerta de entrada de muchas casas. Ahora ya sabéis por qué es.

Inés Bengoa


La Eguzkilore es la flor del cardo silvestre (Carlina Acaulis), una planta es perenne de tallo rígido y reducido de hasta unos 20 cm. de altura. Crece casi pegada al suelo y brota en forma de roseta de hojas recortadas y espinosas. La cabeza floral se encuentra en el centro de la roseta. Tiene la característica de que no se marchita, manteniendo siempre su belleza y frescura. Crece en laderas soleadas, barbechos y praderas pedregosas de montaña.

Fuentes: Buenas terapias

                Amalur Zen

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