sábado, 9 de septiembre de 2017

Mitos y supersticiones de los pelirrojos

Judas Iscariote
Ya hable en su momento de los pelirrojos, ahora añado algunos datos mas.

Los pelirrojos suponen -en contra de la extendida creencia que apunta al 2 %- un 0,62 % de la población mundial. Aún así, todos conocemos alguna chica con el pelo de fuego y la cara sembrada de pecas. Misteriosas y magnéticas, las féminas con el pelo anaranjado han tenido que lidiar toda la vida con la superstición que mantiene que los pelirrojos dan mala suerte. Pero no es la única. Un torbellino de mitos ancla a las melenas coloradas permanentemente en el ojo del huracán, barnizándolas con una capa de interés y enigma que las hace únicas. Desde el cine clásico, el séptimo arte está completamente desarmado ante las actrices pelirrojas -Rita Hayworth y Lucille Ball se «pintaban» el pelo para alimentar su éxito y actualmente Jessica Chastain y Emma Stone enamoran como pocas a las cámaras-, los hombres caen como moscas a los pies de las cabelleras coloradas y en el antiguo Imperio Romano se consideraba a los esclavos pelirrojos más fuertes y determinados.

Más leyendas y curiosidades sobre ellas. Hitler prohibió los matrimonios entre pelirrojos por miedo a que el mundo se poblase de descendientes pecosos y «anormales». El 40 % de los británicos son pelirrojos «encubiertos», es decir, portan el gen del pelo encarnado pero no lo manifiestan -para que nazca un niño/a pelirrojo/a los dos padres deben contar con este gen-. Sí, son más sensibles al calor y al frío, en realidad al dolor térmico, porque sus cuerpos cambian más rápidamente de temperatura. Necesitan un 20 % más de anestesia que el resto. Y tienen menos pelo y menos canas (les cuesta además mucho más teñirse).

En los primeros tiempos de la cultura judeocristiana, se creía que el cabello rojo era la marca de los descendientes de Caín y hay citas que describen a Judas Iscariote, Caín, Esaú y María Magdalena como pelirrojos, adjudicándonos el mote del mal, demoníacos y engendros, buscando con esto a un grupo minoritario como chivo expiatorio para relacionarnos con hechos nefastos y cosas negativas que en ese momento de la antigüedad no se podían explicar.

En la tradición inglesa y escocesa, en Año Nuevo, la primera persona a la que uno encontraba era la que definía tu suerte (las morenas eran las que traían mejor suerte, mientras que las pelirrojas eran sinónimo de la peor de las fortunas). Por aquellos tiempos, se aseguraba en varios países de Europa que si alguien se cruzaba con un pelirrojo, sería perseguido por la mala suerte, a menos que tocara un botón de la camisa que se llevaba puesta.

Algunas investigaciones, sin poco fundamento científico, han dicho en más de una ocasión que las mujeres pelirrojas son más activas sexualmente que las morenas, las castañas o las rubias. También es común que se hagan hematomas con más facilidad, son más propensas al Parkinson y la mayoría son zurdas. El mayor número de pelirrojos se encuentran en Escocia. Galileo Galilei era pelirrojo, al igual que Cristóbal Colón. Inocencio VIII provocó la muerte de miles de mujeres pelirrojas a las que acusaba de brujas. Y sí, sí tienen alma (para los que crean en ella), como el resto de las personas.

Hay cinco tipos distintos de color pelirrojo -castaño rojizo, cobre, tiziano, rubio fresa y jengibre- que varían en sus tonos entre claros y oscuros. No todos tienen el pelo rizado, ni los ojos claros, ni pecas, ni un carácter concreto. Existen humanos de raza negra, árabes e indios del pacífico pelirrojos. Una pequeñísima parte de la población con el pelo rojo es así por una enfermedad, y no por genética. Y no, aunque lo diga el National Geographic, los pelirrojos no se van a extinguir en cien años.

Fuentes:
La voz de Galicia
                Rio Negro
                La guioteca

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